El fuerte incremento en las tasas de interés con impacto en el costo de los préstamos, también se está haciendo notar en los programas de refinanciación de los saldos de las tarjetas de crédito, es decir quienes no cancelan la totalidad del resumen.
Los costos financieros en este momento pueden llegar al 70% anual, lo que hace aún más difícil para los deudores regularizar su situación.
Según algunos especialistas, la situación se complica aún más porque se trata de un instrumente ampliamente utilizado por los sectores medios para su consumo, incluso en algunos rubros como la alimentación.
Por otra parte, en momentos de alta inflación como los actuales, el recurso de la tarjeta permitió tradicionalmente compensar la caída del poder adquisitivo hasta la vigencia del nuevo convenio paritario.
Pero las altas tasas actuales hacen que refinanciar la deuda pagando el mínimo se convierta en una carga poco menos que imposible de soportar con tasas de interés que sectores representativos de los usuarios y consumidores califican de “usurarias”.
El problema tiene una agravante adicional, porque en caso de no poder cumplir con sus obligaciones los deudores, además ingresan a los sistemas de información bancarios como morosos, lo que dificulta su acceso a nuevos créditos.
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